DEL PATRIARCADO A GAIA: ¿LA NUEVA MORAL?

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Todo gran cambio social implica nuevas directrices morales.
Nuestra lógica religiosa actualmente se encuentra en decadencia. La falta de valores espirituales es obvia en un occidente incapaz de trasladar el pensamiento filosófico a sus necesidades presentes y futuras.
El ecologismo marcará sin duda el criterio ético que está naciendo.
Cómo he dicho en posts anteriores ( @astro.cultura en Instagram) la idea de la Tierra como ser «sintiente » que nos cobija generosamente se impondrá de diversas formas.
Venimos de un patriarcado materialista que funcionó mientras duró. Una estructura que veneraba humanos desde el monoteísmo presente en las culturas económicamente dominantes. Es fácil que en este cambio de paradigma, que dura dos siglos y que acabamos de iniciar, se cuestione la ética establecida y en defensa del medioambiente nazca una nueva forma de culto. El culto a la Madre Tierra como punto de partida a un modelo matriarcal (entendiendo lo matriarcal desde lo émpatico y lo igual, sexos y confusiones varias sobre el término al margen)
La supremacía de lo natural, lo medioambiental y lo sostenible, como un borrador de la base ideológica que se puede configurar en los próximos dos siglos. Un modelo que, de algún modo, ya ha nacido.
La idea de respetar a «Gaia» ,como llevo diciendo hace tiempo, puede ser, sin duda alguna, la base teórica de las leyes que puedan emerger.
El futuro puede ir hacia ahí, y en lo medioambiental debe ir hacia ahí si no queremos destruir todo lo que nos rodea y destruirnos con ello. Pero también pienso que está en nuestra mano discernir «el grano de la paja». Saber diferenciar entre el real «signo de los tiempos» y la distorsión que nos llega por parte de aquellos que pretenden perpetuar su poder en el nuevo paradigma en beneficio propio.
Aunque seamos demasiados en el planeta, y esto deba regularse y se está regulando ya,  creo que el problema más serio no viene tanto de los que somos, más bien del trato que propinamos al medio en un sistema que sencillamente es insostenible, o sostenible solamente para unos pocos, los mismos que quieren hacernos creer que el problema es que la gente vive «demasiado» en lugar de asumir que el problema es su sistema, el mismo que les proporciona la riqueza a la que no están dispuestos a renunciar. No me interesa la política como votante de nada no creo en ella, y menos en la democracia representativa y su performance, sí creo en nuestra evolución colectiva y en el futuro despertar de todos.
Digan lo que digan los mayores beneficiarios del paradigma actual, esto no va de aniquilar población para mantener el beneficio que les satisface, va, ante todo,  de reconfigurar un modelo productivo que hoy ya está en descomposición.

Roberto Saula

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