BLANCANIEVES

Cáncer, Capricornio y el camino a la madurez

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Parte de los cuentos de hadas hablan sobre la transición de la infancia a la madurez, aunque pocos son tan gráficos como Blancanieves.
Nuestra protagonista huye de su hogar amenazada por la envidia que la madrastra tiene hacia su belleza. En la versión de los hermanos Grimm, la madre biológica de la protagonista murió en el parto. En una publicación anterior, sin embargo, la villana no es la madrastra, es la madre. En todas las versiones la aproximación a la pubertad es una amenaza para una figura materna que teme ser superada. Algo que remite de un modo evidente a las teorías psicoanalíticas de Freud. En este contexto, Blancanieves se ve obligada a emanciparse para iniciar su camino hacia la edad adulta.
En astrología Cáncer se vincula a la infancia, Capricornio, el signo opuesto, a la vejez. El trayecto que se establece entre ambos signos es el camino del niño al adulto, el eje conocido como el eje de individuación.
En su trayecto, Blancanieves encontrará un hogar en mitad del bosque. Un hogar diminuto que parece habitado por siete niños. En un momento dado decidirá tumbarse a descansar. En la versión de los hermanos Grimm probará varias camas pero todas le parecerán demasiado pequeñas, únicamente se encontrará cómoda en la séptima. Durante siglos únicamente se conocían siete planetas, el séptimo ,y último de ellos, era Saturno, regente de Capricornio, y asociado por tanto a la vejez. Encontramos una pista simbólica de la necesidad de la niña por conectar con su propia madurez. Es curioso que este dato parece pasar desapercibido en las interpretaciones simbólicas del cuento, es uno de los detalles que más llama mi atención.
La casa del bosque resulta estar habitada por siete hombrecitos, siete enanos a los que interpretaciones psicológicas del cuento, como la de Bruno Bettelheim, consideran individuos que han fracasado en su devenir adulto y se han quedado estancados en lo que define como fase «preedípica» del desarrollo.
Estos siete personajes son más próximos al niño que al hombre. Desconocemos de ellos familia ni ningún tipo de interés asociado al adulto. En la versión de Disney, convierten incluso su vida laboral en la mina en un musical de diversión.
Tradicionalmente Saturno ha regido las minas también, es fácil establecer aquí el vínculo Capricorniano de unos individuos cuyo frágil lazo con la madurez se reduce a sus responsabilidades como mineros.
Blancanieves mantiene con estas figuras una relación a medio camino entre el cuidado maternal y sus responsabilidades como futura esposa. Inicia en su estancia el desarrollo como mujer casadera conviviendo con unos hombres que, lejos de violentarla, la enternecen por su aspecto infantil. Todo ello facilita ese periodo de transición.
La Madrastra no cesará en su propósito de acabar con ella. Conseguirá que muerda la manzana previamente envenenada. El fruto rojo símbolo del amor y del sexo (y por extensión del pecado en las culturas cristianas) será aquí la aceleración hacia su transformación.
Tras pecar, la niña deberá “morir” para renacer como mujer.

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